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7 de octubre de 2014

Sarpullidos.

A Lucía le pica la cabeza, no es que realmente le pique la cabeza, pero se la rasca. Luego se rasca la cara, las manos, los brazos, y bosteza, y se muerde la mejilla por dentro, y mira a su alrededor, y suspira, y se rasca. Está nerviosa. 

Él gira la esquina, sus ojos no tardan en toparse. Lucía deja de rascarse porque no quiere que él la vea nerviosa, se pone tiesa y levanta la barbilla. Quiere que crea que controla la situación, pero hace meses que no la controla. Hace meses que cuando quedan, a ella le tiemblan las piernas y se siente ansiosa por ello. Débil. Extraña. Lucía la del corazón de piedra, la que en vez de vivir sobrevive, está enamorada y eso la asusta.  No sabe en que polvo dejó de ser un polvo, ni cuando obtuvo el poder de hacer polvo su corazón.

 Y aun así no lo hace. 

Él la cuida como si no supiera que Lucía es de las que se cuidan solas. Le dice que la quiere sin tapujos, incluso cuando ella llega con ganas de pelea. Confía en ella y jamás la traicionaría. La desea, con cada poro de su piel, con cada terminación nerviosa, con cada palabra y gesto. La ama.

 Lucía  cree que sus rodillas son ahora de gelatina. Se siente como una niña y no puede dejar de pensar que le pica, le pica el alma de amor.

3 de febrero de 2014

Verdades como puños.

Ahora que el cajón vacío vuelve a estar lleno, que  entiendo en mi día a día eso de "donde habita el olvido". Que mis sábanas han dejado de estar frías para ser calentadas, y que nada, nada, nada huele a ti. Ahora te digo, que puedes quedarte con esos días en los que yo no merecía un rato, con los "te quiero" por costumbre, con la vulgaridad de nuestro amor, con todos esos tirayafloja. Con mis besos, con todos ellos, del primero al último, porque ambos te los di yo. Con mis "buenos días amor", con mis "buenas noches, cielo". Con todos los "para siempre" que ahora se han vuelto jamases. Con mis sonrisas, quédatelas, ya me inventaré unas nuevas. Con los regalos, con los orgasmos, con los susurros y los chistes malos. Con mi ignorancia y mi voz de niña. Con los planes de futuro que ahora podrás tener con otra. Con los celos, los míos y los tuyos. Con mi incertidumbre y tu (falsa) seguridad. Con el perro que no íbamos a tener y la casa que no me ibas a comprar. Con todas esas películas sangrientas que yo hubiese visto por tu insistencia y todos esos libros que te recomendé que nunca leerías. Con los segundos, minutos, horas y días que te he dedicado. Para ti,  ya no quiero nada de eso, ni las fotos que nos hicimos ni las que nos podríamos haber hecho. 


Pero sobre todo quédate con mi ilusión, porque la ilusión fue lo que me llevó hasta a ti y a ella tampoco la quiero.

25 de enero de 2014

Musas


Era jodidamente guapa, ni más ni menos, era una musa en medio de un supermercado. Poniendo sus manos sobre los productos que iba a coger, moviéndose por los pasillos de las neveras y los congeladores. Entre frutas, verduras y leches. Aquella chica era una diosa sin ser consciente de ello. 

Tenía una de esas melenas que piden a gritos que metas la mano dentro, una piel que recorrer con la punta de la nariz, y esos labios... Siempre he sido un poco idealista, siempre me ha gustado ver en lo poco el infinito, pero tampoco me pasa con cualquier cosa. Es cierto que camino por la vida esperando encontrar ese tipo de situaciones, situaciones como ella, de las que te llenan la cabeza de pájaros y te pierdes, de las que sabes que seguro que acaban estrellándote, de las que no te sientes merecedor pero que ojalá pudieras merecer. La quieres para ti desde el momento en el que la ves, y sabes que cuando se le caen las llaves del bolsillo y sigue andando dejándolas en el suelo, el destino te está mandando un mensaje "Coge esas putas llaves y dentro de tu vileza y egoísmo se su héroe hoy"

Y eso hice, dejé que pagara la compra con sus llaves en mi bolsillo, dejé que recorriera la calle de arriba abajo buscándolas mientras me fumaba un cigarro en un portal, y cuando se sentó en el bordillo de la acera y dijo "Joder, joder, joder..." supe que era mi momento, que era cuando yo entraba en escena. 

Caminé hacia ella  mientras me sacaba las llaves del bolsillo y tiraba el final del cigarro a la calzada. Me coloqué lo bastante cerca como para poder mirarla bien y saber que sí, que quería follármela en una cama con velas aromáticas y en el váter del peor tugurio, que quería tomar algo de lo que no era merecedor y de alguna forma mancillar cada poro de su piel. 

-Perdona, ¿Son tuyas?- Alcé las llaves, claro que eran suyas.- Creo que se te han caído en el supermercado.



10 de diciembre de 2013

Lucía y el sexo (Sin amor)

Lucía piensa que lo mejor para el sexo sin compromiso es sentir algo de asco hacia la otra persona, ese asco morboso que te permite follártelo pero nunca enamorarte. Este asco va desde lo físico hasta lo intelectual. Durante algunos años cometió el error de acostarse con gente encantadora pero siempre acababa mal, así que ahora solo lo hace con capullos, con analfabetos, con viciosos, con gente con tics que le ponen nerviosa, con alguno que besa fatal, con otros que no saben pronunciar bien la palabra "esternocleidomastoideo", con tíos con novia... Lo positivo del método es que no les coges cariño y cuando quieres mandarles a la mierda no sientes pena.

Claudia no piensa en el sexo sin compromiso, Claudia lo tiene y siempre acaba enamorada. A Claudia le gusta que la cubran a caricias, que le digan cosas bonitas y se despidan de ella con un beso en los labios. Lucía con "Un gracias por todo" se queda contenta y en cuanto llega a casa se ducha, para que no quede ni rastro de olor del otro, le repugna oler a otro. Claudia se enamora de quien se la tira y Lucía, sin llegar a tocarla, está enamorada de Claudia. Claudia adora cogerle la mano al chico que le gusta y Lucía solo caminaría de la mano de Claudia.

Lucía se siente más sola que nunca. 

Claudia está enamorándose otra vez.


3 de diciembre de 2013

♥

La cosa va de salidos, el otro día leí un texto que me gustó y decidí hacer la versión femenina, ojalá todas las colaboraciones fueran así. Gracias por animar mis días y darme motivos para atreverme a escribir. 

...

          Así que, esa misma mañana, se marchó. Eran las siete. Muy temprano. Había triunfado esa noche, menuda tía y menudo polvo. No tenía pegas.

           La encontré tarde y un poco empapada en chupitos, pero se dejaba y eso me encanta. Comenzó a manchar con sudor su vestido dentro de la discoteca. Salimos fuera para respirar un poco. Era bastante guapa, no una portada de Vogue,pero sexy a su modo y con ojos de leopardo desnutrido.

            Fumamos uno enfrente del otro; luego noté el sabor a cerilla en su lengua.

           Le ofrecí ir a mi casa y no dudó, es más, casi me lleva ella a mí. Nos arrancamos  la ropa en mi sofá. Se rompió el tanga intentando quitárselo, cosa que le dio igual. Me montó sin tiempos muertos. Saboreé su cuello, sus pezones y sus hombros. Abrí sus nalgas y la penetré hasta el fondo.Me pidió que le apretase los muslos y le arañase la espalda, que la cogiese del pelo y jugase con ella. Hice lo que quise con su cuerpo: no paraba de sonreír. Soy un cerdo.

          Justo antes de acabar, decidí que era muy cruel correrse dentro, por lo que lo hice en su cara. Sin permiso.

         Cayó rendida en mi cama. Despertó sobre las siete y se largó. Ni siquiera recuerdo el color de su vestido, solo consigo acordarme de un detalle: los tacones le quedaban grandes. 

Aarón


          Encontré el vestido entre sus pantalones, me enfundé en él, dejé el tanga roto de recuerdo en el suelo de su habitación y a eso de las siete y cuarto ya estaba cogiendo el metro de vuelta a casa. Me gustan los trabajos limpios y las despedidas silenciosas. 

          Dio conmigo cuando yo ya iba borracha y cachonda, la noche aburre, la noche es una mierda cuando te pones selectiva. Él era guapo, olía bien y a mi ya me picaba el vestido de sudarlo con tanto baile.

          Fuera le pedí que me encendiera un cigarro, me lo fumé como una de esas mujeres interesantes de las películas, las que te dicen con sus caladas que les gusta llevarse cosas a los labios, luego le dejé que me comiera la boca. 

         Me ofreció su casa y acepté, en mi casa hace tiempo que ya no dejo entrar a nadie. De haber tenido unas tijeras para cortarle la ropa... y mi tanga, mi puto tanga, un tirón y a la mierda, es mejor ir sin nada que con ese trasto metido en el culo. Lo monté sin tiempos muertos. Para él todas mis ganas de polvos frustrados. Le mordí los labios, los dedos y la cadera. Le pedí que me apretase los muslos, me arañase la espalda y me tirase del pelo. Que entrase hasta el fondo "Más fuerte". Hice lo que quise con mi cuerpo: no paraba de sonreír. Soy una zorra ¿Y qué? 

         Decidió no correrse dentro, lo hizo en mi cara. Sin permiso. Fue un cerdo.

        Papel, agua, jabón... Caí rendida en la cama, el placer de dormir con un desconocido. Me desperté y me largué. Ni siquiera recuerdo su nombre. Y por cierto, he de ponerle una plantilla a estos tacones, me quedan grandes.

Ari




29 de noviembre de 2013

Trincheras Parte 2

Que te jodan, Claudia. 

Lo lee y se echa a llorar.

Acaba de notar como Lucía le desgarra el alma y se la zampa de un bocado, se siente Juno siendo devorada por su padre. Los dientes de Lucía se le clavan en la piel, le duelen los brazos, las piernas se vuelven pesadas, de piedra pasan a flan y se derrumba en el suelo en alguna calle vacía de la ciudad. Piensa que si hay un pozo emocional ella acaba de caer en él, que su jugada de la carta no ha salido bien, que no ha conseguido reblandecer el corazón de Lucía, que se ha quedado sola, con las ganas de amar oprimiéndole el pecho y sin nadie a quien escupirle todo ese amor. 

llora de impotencia, porque no sabe perder, porque nunca lo ha hecho, porque aunque otros hayan llegado con traiciones y  condescendencia, con negativas y torturas, nada duele más que ver la espalda de quien tenía tu alma, alejándose de ti porque ya no te aguanta. 

Claudia nunca ha querido a nadie de verdad, ha querido mucho, ha querido hasta perder todas las ganas, pero de verdad no. Claudia se ha querido mucho a si misma y en consecuencia ha querido sacrificándose, cree que así puede demostrar su amor. Claudia necesita ser una mártir para sentir que hace bien las cosas, pero cuando ya no puede dar más se le merma el ánimo y se desencanta. Tiene un alto listón que nadie puede saltar, ella sube y baja a la gente a su antojo dándole mayor o menor importancia, pero al final todos tienen la misma, ninguna, porque Claudia cuando llega la hora de dormir aunque llora por estar sola, llora por su propio dolor y no por el de los demás. A Claudia le han pegado mucho porque Claudia se ha dejado pegar, y con cada golpe que ha recibido el dolor ha sido menor y la insatisfacción mayor. Le gusta el drama, le gusta sufrir y sabe olvidar. Sabe cerrar los ojos y olvidar a las personas y quedarse con los hechos, sabe dejar de amar o de fingir que lo hacía, y cuando se dice a si misma "Ni una lágrima más" es ni una lagrima más. Sufre porque le gusta y cuando le apetece, corta el grifo del sufrir.

Pero ahora es distinto, acaba de perder a su otra mitad, acaba de ser desterrada, exiliada y da igual cuanto puedan quererle otros, cuanto se quiera a si misma, Lucía ya no la quiere y su vida acaba de perder el sentido.

Que me jodan, Lucía. 

Envía.

 Y busca en la agenda el teléfono de algún idiota que le de casa esa noche a cambio de abrirse de piernas. 



26 de noviembre de 2013

Trincheras

Lucía lleva fuera de casa todo el día, le arde la planta de los pies porque esas nuevas botas que se ha comprado son una mierda y se ha estado clavando la suela y el calcetín, tiene ganas de sentarse en el sofá y quitárselas, meterse en la ducha y culminar ese día de invierno con agua caliente. Desde que Claudia se fue Lucía no ha encendido la estufa, solamente se abriga y procura tener las ventanas cerradas, se dice a si misma que es para no gastar más luz, pero la realidad es que sabe que si enciende la estufa recordará a Claudia sentada delante de ella, hecha un ovillo y quemándose las espinillas. 

Casi arrastra los pies por el patio del rellano hasta el ascensor, lleva la bandolera a un hombro y eso le hace parecer una desequilibrada. Está cansada pero feliz, incluso sabiendo el silencio que le espera al llegar a casa. Todo es perfecto hasta que encuentra esa jodida carta sobre el felpudo. 

Querida Lucía, 


Hoy he vuelto a casa y he visto que has cambiado la cerradura, primero he pensado que se te habrían perdido las llaves y que por precaución lo has hecho, pero tras meditarlo un poco me he dado cuenta de que en los años que te conozco tú nunca has perdido nada, que la única que pierde cosas de las dos soy yo, así que he entendido que si has cambiado la cerradura era para que alguien no entrara.

He pensado en llamarte, hasta he cogido el móvil y me he ido al registro de llamadas, y después de bajar mucho he encontrado tu número y he visto la fecha de la última vez que hablamos, hacía más de un mes y entonces he entendido porque has decidido cambiar la cerradura. Ese día que hablamos te dejé preparada en el microondas una lasaña de la casa de comidas lista para calentar, te lo dije animada mientras hacía la maleta para marcharme, y me dijiste "Esta noche podríamos ir al cine" y te contesté que sí, que me apetecía ir al cine contigo, aunque realmente no tuviese ganas, espero que esa noche fueras al cine sin mi porque se como odias cuando alguien te da plantón. 

Creía que este momento no llegaría, creía que jamás encontraría la puerta cerrada y ahora más que nunca necesito entrar. Pero te quiero Lucía, aunque creas que no lo hago, aunque me consideres una egoista que no piensa más que en si misma, yo te quiero y por eso me marcho. Me marcho incluso sabiendo que al otro lado están mi estufa y tus brazos, porque te quiero Lucía, porque se que cuando estoy te hago infeliz. 


Con amor, Claudia. 

Lucía lee y relee la nota. Se olvida del dolor de pies y permanece allí plantada frente a la puerta cerrada, piensa en lo que debe haber sentido Claudia y tiene ganas de llamarla y pedirle que vuelva a casa. Llega a sacar el móvil, a buscar esa llamada de la que habla ella, pero corrige el rumbo. 

Que te jodan Claudia. 

Le da a enviar y entra en casa.


14 de octubre de 2013

The Lonely

Claudia se ha vuelto a marchar, Lucía lo ha sabido al entrar en casa y encontrarse todas las ventanas abiertas "Para que se airee la casa". Claudia siempre deja al irse un frío silencioso, o un silencio frío ¿Qué más da? El caso es que se ha ido.

Cuando Claudia no está se siente una calma incómoda, como si no le pusieran canción a unos créditos finales, como el vacío sentimental tras una discusión en la que se han dicho cosas terribles. Lucía no sabe si poner música para llenar el hueco que ha dejado Claudia, o si llenarse la boca con tierra de las macetas ¿Ahora quién regará las plantas? ¿Quién se va a preocupar del resto de cosas en las que Lucía no pierde el tiempo? ¿Quién les dirá a los de las compañías telefónicas de forma educada que no quieren cambiarse a otra? ¿Quién va a impedir que Lucía vuelva a ponerse su piel de titanio? 

Acaba fumándose un cigarro en el salón, como venganza, porque Claudia no le deja y ahora ella puede hacer lo que quiere, porque es su casa, su jodida y vacía casa. Apaga el cigarro sobre el sofá haciendo un agujero en el tapizado y le da absolutamente igual, porque ahora todo le da absolutamente igual, porque ya no piensa recoger los pelos de la ducha hasta que esta no deje de tragar, ya no bajará la tapa cuando mee, ni se preocupará de que todo el mundo se sienta a gusto. Ya no le va a decir "Gracias" a nadie, ni llamará para felicitar los cumpleaños. No se pondrá los cascos para poder ver algo en el ordenador mientras la tele está encendida, va a comer mierda todos los días y se comprará uno de esos botes gigantes de Nutella. Se duchará hasta que el agua salga fría, y ya nunca jamás volverá a hacer la cama para tener que deshacerla a la noche siguiente. 

Cambiará la puta cerradura para que Claudia ya no pueda volver, y si vuelve y quiere entrar, que pida permiso. Está harta de la debilidad de Claudia, de su afán de protagonismo, de sus cambios de humor, de su carácter enamoradizo, de sus lágrimas de cocodrilo, de sus "Te quiero" despilfarrados, de sus novios idiotas, de sus caprichos, de su colonia, de su color de pelo, de sus zapatos, de su molesta pedantería, de sus frases largas y complejas,  de sus planes... Está harta de ella y de esa necesidad de creer en el amor y descreer a la primera de cambio, cuando lo mejor es no creer y no creer para siempre. Está harta de su capacidad de perdonar y de pedir perdón, y está vez se niega a perdonarla si vuelve, se niega, ni abrazos ni mierdas, esta vez si vuelve se quedará en la calle, que otro imbécil la recoja, ella ya ha tenido suficiente. 



21 de mayo de 2013

Writers Write

     Me apetece escribir, tengo una especie de pelota en el pecho que quiere deslizarse por mis dedos hasta escuchar el "clac-clac" del teclado, esta pelota lleva un tiempo instalada, a veces se me olvida que está ahí. 

    Últimamente cuando he intentado escribir no ha salido nada, hace bastante que me hice plenamente consciente de que para mi escribir no es un placer o una afición, para mi hacerlo es una necesidad. Es mentira que en este tiempo de silencio no haya escrito, he escrito mucho, pero nada que pudiese ser colgado aquí. He escrito cartas que he mandado, otras que nunca serán vistas por las personas para las que fueron escritas y algunos otros textos que puede que algún día salgan a la luz. 

    Que no haya podido escribir nada para publicar, me ha hecho pensar mucho sobre por qué escribo, o mejor sobre por qué escribo lo que escribo. Los textos que consigo cuando estoy enfadada o dolida  son sin duda mucho más interesantes y divertidos, sin embargo cuando mi vida va bien, no solo no sé que decir, si no que además cuando lo intento salen cosas bastante flojas de las que no me siento orgullosa. 

    De alguna forma debería estar contenta porque significa que ahora todo va bien, pero incluso cuando todo va bien yo tengo que buscarle la pega al asunto. Echo de menos mis palabras, mi inspiración, la constancia de tener algo que decir, ser frases durante un rato...

     Aun así haré caso a algo que me dijeron no hace mucho "Vive felizmente mientras puedas, y cuando todo se hunda piensa que siempre podrás escribir sobre ello"


29 de marzo de 2013

Payback

Me chifla la idea de ser una mala persona, bueno no mala, pero si una de esas personas a las que le da absolutamente igual las consecuencias de sus actos, los rechazos, los fracasos y la moral. Ayer entre copas le confesé esto a mi amiga Clara, le dije que me moría de ganas de elegir un hombre al azar y destrozarle la vida, ver que se siente, ver si de verdad es tan divertido como para que ellos lo hagan constantemente. Me contestó que suponía que solamente cuando ya te has llevado cientos de palos te da todo igual. No sé si los hombres se han llevado cientos de palos, no sé si me los he llevado yo pero tengo una cosa clara y es que eso no es una justificación, soy totalmente consciente de que ser malo porque han sido malos contigo no es un buen argumento. No, yo quiero ser mala por el placer de ser mala, me río de los demás porque me gusta hacerlo y si elijo a un pobre desdichado y le destrozo la vida será por el gusto de hundir a alguien, nada de venganzas, nada de rencores, solo porque sí.
Ayer me decidí a iniciar mi vil plan, se que se debe hacer con cuidado, poco a poco, no me vale el primero que me cruce, se alcanza la perfección de las cosas después de mucha prueba y error, así que el plan era tantear el terreno masculino y un “A ver que pasa”.

La situación es que Clara y yo estábamos en un pub bailando. Cuando una mujer va a un pub tiene dos opciones, esperar a que hombres le entren (hombres a los que les da igual si eres tú u otra) o entrarle a alguno que te pueda parecer algo especial, bueno, yo no buscaba a nadie especial ayer por la noche, buscaba a un tipo vulgar y desesperado, desesperado no porque Clara y yo seamos criaturas del averno, desesperado porque le da igual pera que manzana que melocotón. 

Se acercó a nosotras preguntando “¿Por qué bailáis tan juntas?” el chico era guapete la verdad, alto, moreno... Se notaba que invertía tiempo en el gimnasio y que sabía que estaba bien físicamente. En ese momento Clara podría no haberme seguido el juego, pero de alguna forma a ella debieron cruzársele los cables igual que a mi. “Porque nos gustamos” contesté con todo el morro del mundo arrimándola más a mi, “¿Pero sois novias?” dijo él abriendo los ojos como platos “No lo somos porque ella no quiere” le respondí, él se rió y como hombre morboso de acercó más a nosotras, no me hizo mucha gracia que decidiera cogernos por la cintura pero bueno era parte de la escena “¿Y porque no quieres salir con ella?” le dijo a Clara , ella en su perfecta interpretación puso los ojos en blanco y soltó un bufido “Es que me va a hacer daño si salgo con ella, porque a ella le gustan todos y todo y seguro que me es infiel”. El tipo se volvió a reír y entonces se giró hacia a mi, soltó a Clara y literalmente me agarró del culo para acercarme a él “Y si te gustan todos ¿No te gustaría probar conmigo?” Llegados a este punto llegué a la conclusión de que él era gilipollas ¿Enserio ella te dice que me quiere y que eso le duele y entonces tú optas por sugerirme sexo a mi? Me encogí de hombros y me acerqué al oído de Clara, me reí del tío contra su oreja, le pregunté que quería que hiciéramos, me contestó que putearle un poco más.

Y así, sin comerlo ni beberlo estábamos en una avenida apunto de pillar un taxi con el tipo para irnos juntos a casa de Clara, podría decir que sentía que la situación se me escapaba de las manos, pero no sería cierto, me sentía una mala pécora que no una zorra, no pensaba tocar al tipo ni aunque me ofreciese dinero, no pensaba besarle y por supuesto no pensaba llegar a subirlo a casa de ella. Sin embargo él no dejaba de hacer intentonas de aproximación que nosotras tolerábamos hasta cierto punto, era un baboso.

No pasaban taxis y él estaba allí presumiendo de que ya había hecho un trió antes, de que nos lo íbamos a pasar muy bien, de que iba a satisfacernos a ambas y un montón de sandeces que se acumulaban en el saco, supongo que iba más cachondo que un mono pero el tío era una prepotente. Me giré hacia Clara, respiré hondo y de algún lugar de mis entrañas, mi parte teatral salió a flote, “Clara yo no quiero hacer esto, yo no quiero compartirte con nadie” Ella boqueó, ahí estábamos mirándonos a los ojos como si de verdad fuésemos pareja o algo por el estilo, “Pero...Yo creía que tú...” La corté “No enserio, es que ya no puedo más con esto, yo no quiero mierdas así, yo te quiero a ti y ya está” fue algo así, probablemente en el momento fuese mucho más cutre pero me estoy tomando algunas licencias literarias, entonces ella hizo algo que yo no esperaba, se echó a llorar, se agachó y se echó a llorar. No se como no me despollé allí mismo. El tipo se acercó hacia ella y antes de que llegase ni a tocarla le cogí del brazo “Es mejor que nos dejes en paz, no es un buen momento” me miró como si acabase de hacerle la putada del siglo “¿Pero entonces lo de esta noche nada?” Puto insensible ¿Mi novia esta llorando en el suelo y tú no dejas de pensar en sexo? “Como comprenderás pues no” “Joder...”

Me acerco a Clara, la levanto, levanto la mano para parar el único taxi que pasaba en un rato y una vez ya dentro cuando el conductor arranca Clara deja de taparse la cara, sonríe como una de las malas de alguna película y le dice al tío adiós con la mano.
No se que conclusión sacar de todo esto, es más no se como dejar de reír. La vida es un aburrimiento, la gente por lo general es basura y supongo que ya ha dejado de darme igual ser la mala de la peli. 


T̶o̶d̶o̶ ̶p̶a̶r̶e̶c̶i̶d̶o̶ ̶d̶e̶ ̶e̶s̶t̶a̶ ̶e̶n̶t̶r̶a̶d̶a̶ ̶c̶o̶n̶ ̶l̶a̶ ̶r̶e̶a̶l̶i̶d̶a̶d̶ ̶e̶s̶ ̶p̶u̶r̶a̶ ̶c̶o̶i̶n̶c̶i̶d̶e̶n̶c̶i̶a̶ ̶

16 de marzo de 2013

Historia de un maltrato hepático: Parte 1.

Definitivamente ayer lo más raro que me pasó no fue beber absenta, vodka y cerveza y no emborracharme, tampoco fue coincidir en el mismo grupo de fiesta con mi ex y que él decidiera al principio no saludarme y después de dos horas de marcha me estrechase la mano diciendo "Señor", tampoco lo más raro fue ser estrujada por un mogollón de gente en el metro y que mi mayor preocupación fuese "Espero que nadie tenga piojos", ni que una tuna entrase en el vagón y se pusiera a cantar canciones con acento sevillano. Lo más raro, más raro que me pasó ayer, fue ver a una mujer de unos cincuenta años borracha cogiendo un cordón que colgaba de un balcón y atándolo al retrovisor de un coche cercano, estaba siendo malota y no pude evitar preguntarme ¿Por qué? ¿Qué motiva a una persona con medio siglo sobre las espaldas a hacer una tontería así, digna de un niño de diez? Aparte de que no creo que fuese una mujer muy inteligente llegué a la conclusión de que la causa era el aburrimiento y tal vez cierta frustración, pues bien, la moraleja de todo esto es que con veinte años me aburro pero me queda una vida entera de aburrimiento, y que cuando tenga cincuenta estaré aburrida como una ostra y el único motivo por el que ataré o no cordones entre coches será el grado de vergüenza y educación que habrá en mi.

23 de febrero de 2013

Yo y él.

No siempre me trata bien, es huraño y ácido, no tiene miedo a hacerme daño a veces y suele huir cuando algo no le gusta, se enfada a menudo y no siempre tiene ganas de hablar, me esconde, me hace sentir pequeña, como una canica en su bolsillo. Me exaspera, trae con él una tormenta de ideas, me altera más que me calma, pero cuando lo hace todo es silencio, el mundo se esfuma, desaparece y los problemas parecen menos problemas y tengo ganas de sonreír, sonreír de verdad. La complicación surge cuando él se vuelve un dilema, cuando duele, cuando entra en esa capa hermética a la que yo no estoy invitada. 

La mayor parte del tiempo me muero de ganas por gritarle, no algo en especial, solo gritarle o pegarle con un almohadón en la cara ¡Idiota, más que idiota!¿¡Quieres abrazarme de una vez!? Pero ni yo le grito ni él me abraza y todo sigue estático, tampoco puede ser de otra forma, no lo ha podido ser nunca. 

Me gusta verle sonreír, sobre todo si la culpa es mía, me encanta oírle reír y adoro como me mira, daría un año de buen tiempo por enterrar la nariz en su cuello, aspirar con fuerza y ponerle pausa a la vida, al menos hasta que su olor se quedase bien grabado en mi cabeza. Quiero acariciarle, aprenderme cada centímetro de su cuerpo de memoria, quiero besarle, morderle, arañarle, lo quiero a mi lado, encima y debajo, lo quiero cerca muriéndose de risa y lleno de rabia. 

Quererle es como querer a un personaje de libro, delicioso pero imposible. Quererle a él es caminar sobre seguro, aunque escueza ni siquiera es un riesgo, es andar por la parte de la piscina que no cubre, no hay sorpresas, no reales, sabes que va a pasar y sabes que tiene fecha de caducidad por razones obvias, sabes que llegado el momento ninguno de los dos peleará por el otro, cada uno se queda en las páginas de su historia. Quererle es como aguantar la respiración en los momentos feos y llenarte los pulmones en los bonitos. Es vida.

Le busco en todas partes, en las palabras de otros, en cuerpos parecidos, en prendas de ropa, en sonrisas ajenas, en voces, en labios... Le encuentro en todas partes, en las noticias, en fotos, en canciones, en momentos del día que me hacen desear correr hasta él para contarle lo que acaba de pasar... Ahora todos se llaman como él, aunque ninguno lo hace realmente, será el mismo nombre pero cuando lo digo no suena igual, no retumba, no hay escalofríos.

Él es mis ganas de crear, mis noches de no dormir, mis silencios raros y mi tema recurrente. Mi mayor engaño, el siguiente paso tras la novela romántica y las películas de amor, todo lo que quiero que no me atrevo a  tener.

Mi nunca jamás.


22 de diciembre de 2012

Se fue.

-El otro día me miré al espejo y vi algo extraño, nunca me había fijado en las ojeras que tengo, en lo cansada que parezco, el otro día vi en el espejo la pena reflejada y me entró algo de angustia. Me pregunto si todas esas cicatrices que nos cubren la piel, de vez en cuando se reabren o si es que jamás llegan a cerrarse... Lo cierto es que no he podido dejar de darle vueltas desde entonces, sabes como soy, cuando tengo algo rebotando en las paredes de mi cabeza no hay quien lo pare, ni siquiera gritando se pasa, cuanto más lo agito más rebota, y he pensado algo...- Coge aire y se vuelve hacia Lucía.- He pensado que debería desconectar una temporada, podría irme a otro sitio, o podría meterme en la cama y dormir hasta que todo pasase, pero me da miedo dejarte sola... Se que me he ido más veces y que sabes apañarte sin mi, pero es el miedo de siempre ¿Y si no quieres que vuelva? ¿Y si cuando llame a la puerta para volver a entrar en nuestra vida tú has decidido que sea solo tuya? ¿Y si te olvidas de mi? ¿Y si me olvido de ti y ya nunca vuelvo? ¿Y si descubres que sin mi eres mucho más feliz?- Suspira.- Nunca he sabido definirnos, no sé bien que despiertas en mi, eres como mi flotador, eres mi mitad... Yo soy la egoísta de la relación, te someto a mi voluntad, a mis decisiones, te obligo a no hacer cosas que quieres hacer, siempre estoy quejándome del mundo, de la vida, moralizando... Y además soy la que se marcha, la que de vez en cuando se escapa y te deja sola ante la tormenta, como si no me importase lo que te pueda pasar... ¡Pero es que pareces tan fuerte y segura! Tienes ese escudo antidolor que tanto envidio... Espero que puedas perdonarme esto y que cuando vuelva no me odies por ello. 

-No te echaré de menos.


7 de diciembre de 2012

Notting Hill

-¿Crees que algún día dejaremos de ser solteras?
La casa parece el interior de un frigorífico y Claudia se encoje bajo una manta con estampado de leopardo mientras ignora la televisión para mirar a Lucía.
Lucía va en manga corta, está tomándose un vaso de leche caliente y tiene puesta toda su atención en Julia Roberts, que le dice a  Hugh Grant algo como: "Solo soy una chica que espera ser querida por un hombre" o algo así. Hace una mueca y agacha la mirada hacia la leche. 
-Yo espero que no.- Dice entre dientes.- Y deja de bajar estas películas, me ponen enferma. 
-En realidad lo que te pasa es que le tienes envidia.- Contesta entre risas Claudia. 
-¿A quién? ¿A él que lleva siendo jodido toda la película por la desequilibrada de turno? ¿O a ella, que además de desequilibrada acaba de decir una frase totalmente ridícula?
Claudia bufa, y da por sentado que Lucía tiene un mal día, puede que tenga razón, puede que deba dejar de bajar esas películas y obligar a Lucía que las vea con ella, pero cuando las ve sola se siente tan sola...
-Que insensible, la historia es preciosa. 
-Tenemos conceptos distintos de que es una historia preciosa.- Apura lo que queda en la taza y la deja sobre la mesa, luego se vuelve hacia Claudia con el cinismo cruzándole el rostro.- Esto es patético, no precioso, y lo peor de todo es que la sociedad ha hecho que te parezca deseable, cuanto más sufren en las películas más ganas tienes de ser la protagonista, total, mientras acaben con un beso final... 
-Eso no es verdad.
-Claro que si, estarías dispuesta a pasar una temporada de puta  si supieses que tras eso llegaría Richard Gere en una limusina blanca para salvarte. 
-Te has pasado.- Contesta de forma seca, le ha dolido, se ha dado cuenta que una parte de su interior le da la razón a las palabras de Lucía. 

2 de julio de 2012

Prefacio


"Coges una caja, una bonita, de madera, ni grande, ni pequeña, no ha de ser grande porque entonces estarías dando a entender que el mundo te va a hacer mucho daño, pero tampoco pequeña, porque es inevitable que nos hieran y pensar lo contrario sería de ilusos. Esta caja será solo tuya y no la debes compartir.
Cada vez que quieras olvidar algo o a alguien escríbelo en un papel, dóblalo y mételo en tu caja, puedes meter tantas cosas como quepan y una vez dentro está prohibido pensar en ello, se que es difícil, pero puedes empezar no hablando sobre esa persona, no contando nada sobre ese suceso... Y cada vez que vuelva hasta tu mente apartarlo con otras cosas más agradables. Aveces para olvidar hay que llorar, hay que dejar que piel nueva crezca encima, hay que dejar que duela.
Nunca abras la caja para recordar, no vale que releas los papeles, ellos son tu pasado y no debes convertirlos en tu presente. Tampoco vale hablarle de los olvidos que guardas en tu caja a nadie, una vez algo este dentro, no dejes que vuelva a salir.
Con el tiempo olvidarás algunas de las cosas que has metido en la caja y otras no, pero esas que no has olvidado dejarán de emitir sensaciones, serán cicatrices blancas que te definirán como única.
Llegará un día que sabrás que es el momento para vaciar la caja y empezar de cero con ella."
Mi madre me había contado esto una sola vez, debía tener trece años y lloraba desconsolada por el empujón que me había pegado en el instituto un chaval mayor.
Conseguí mi propia caja donde guardaba cada enfado, cada lágrima que derramaba, cada humillación. A menudo siendo niña la caja se llenó hasta arriba, eran pequeños problemas que a mi me parecían muy grandes, me tocaba comprimir los papeles para que cupiesen más y aveces hacía trampa y sacaba los del fondo para tirarlos a la basura.
Aquella noche no podía evitar mirar la caja con cierto rencor, estaba sentada sobre la cama y ella lucía impasible sobre una de las estanterías del cuarto. Hacía bastante que no la usaba, llegados a cierto punto había recurrido tanto a la caja que me parecía un método infantil, aunque jamás me atreví a deshacerme de ella. Debía estar prácticamente vacía, no recordaba la última vez que había metido en ella un papel y seguramente esos problemas que albergase me parecerían tonterías comparado con lo que sentía en aquel momento.
Arrugué un poco la nariz evitando echarme a llorar, pero no aparté la mirada de la caja.
Decidir que quieres olvidar algo es sencillo, quieres olvidar esa discusión con tu mejor amiga, quieres olvidar el último grito de tu padre, quieres olvidar una noche vergonzosa con demasiado alcohol... Pero decidir olvidar a alguien es mucho más complicado, porque no sabes si realmente quieres hacerlo, si eres capaz, si no vas a querer abrir la caja de nuevo en algún momento para sacar a esa persona de ahí dentro. Por eso yo no metía a personas, no me atrevía, me parecía que era demasiado trabajo olvidar a alguien porque con cada persona vienen cientos de recuerdos asociados a ella, probablemente largos tiempos en tu vida . Eliminar a alguien era eliminar una parte de ti mismo, estaba segura de que debía doler y sencillamente no quería arriesgarme a hacer algo así y no saber controlarlo.
Sin embargo esa noche aquella reflexión a la que había llegado hacía tanto tiempo parecía borrosa, con flecos sin recortar, no contemplaba la posibilidad de que tal vez recordar era más doloroso que desprenderse de una parte de uno mismo, o que hay personas que merecen ser olvidadas. Esa noche me costaba tragar, me temblaban las manos y una fuerte migraña se había instalado impasible en mi cabeza.
Me levanté esnifando por la nariz y apretando los ojos, caminé en la penumbra hasta que tras tantear la pared di con el interruptor , una vez la luz bañó la habitación los pies me arrastraron al espejo. La persona que se encontraba al otro lado parecía incluso mejor de lo que había esperado, dos surcos amoratados destacaban bajo los llorosos ojos, estaba especialmente pálida y aunque la hubieses desnudado y analizado detenidamente, no habrías hallado ni una chispa de fuerza en ella. Me mantuve inmóvil un rato esperando que la desgraciada del reflejo dejase escapar una sonrisa, pero no sucedió. Solo se oían ronquidos de fondo, el motor del cargador del móvil que suelta un suave aunque aveces molesto pitido y si agudizaba el oído también podía calcular hacía que piso subía el ascensor de la finca, pero ni rastro del sonido de una sonrisa al iniciarse.
Apreté muy fuerte los dientes, no podía gritar, bueno, no podía gritar en voz alta porque gritando estaba, cada poro de mi piel gritaba de forma desgarradora. Me curvé sobre mi misma dejando que la sensación de malestar me invadiese por completo y para cuando me levanté ya había tomado una decisión.
Fue difícil encontrar un bolígrafo en el cáos que era mi habitación y desgarré unos apuntes para tener algo de papel, me apoyé contra la pared granulada y con letra clara escribí: Él.
Luego nos condené a ambos al olvido encerrándonos en la caja.



Nota: Si me animo sigo.

22 de mayo de 2012

Solas

-Yo no quiero ser una de esas mujeres de 35 años que se levantan solas, desayunan solas, trabajan solas y al volver a casa siguen solas. 
-Creo que estás confundida, estar sola no es algo tan terrible. 
-No lo será para ti, porque eres una persona fuerte, completa, tú no necesitas a nadie porque ya eres alguien sin estar acompañada, pero yo... Mírame. 
-Te miro, y te veo a ti y no creo que te falte nada, no te falta un compañero para estar entera. 
-Eso es que no miras bien, tú siempre tan positiva.
-No empecemos...
-¿Qué no empecemos? ¿Qué pasará cuando no sé... Tú si encuentres a alguien y te vayas? 
-Yo no me voy a ir Claudia. 
-Eso no lo sabes. 
-Si, si lo sé.

"Si lo sé" Piensa Lucía "Porque yo ya he encontrado a esa persona Claudia, eres tú, cuando te veo levantarte, cuando desayunamos juntas, cuando nos sentamos en el sofá, cuando llego a casa y estás ahí pensando que vestido ponerte para quedar con el idiota de turno, claro que no me voy a ir, por fin estoy entera"

-Claro, tú lo sabes todo, ¿Pues sabes donde han acabado todas las promesas que me han hecho hasta ahora? Porque yo no tengo ni idea, ¡Nadie las ha cumplido! Y tú no serás distinta, tú un día te enamorarás como nos pasa a todos, y te saldrá bien, porque eres de esas personas que atraen la buena suerte y yo me quedaré sola, y no quiero quedarme sola.
-A veces es mejor estar sola. 
-No me entiendes. 
-No, no te entiendo, pero ¿Sabes? Cuando tenga 35 años espero no ser una de esas mujeres que se levantan acompañadas, que desayunan acompañadas, que trabajan acompañadas y que al volver a casa están acompañadas por una persona que les hace sentir completamente solas.


31 de octubre de 2011

Tú, toda tú.

Claudia se está maquillando delante del espejo, intenta hacerse la raya del ojo recta pero le tiembla algo el pulso, quiere estar bonita, necesita sentirse guapa porque su mundo se desmorona. A veces se siente maldita, tal vez no nació para que luchasen por ella.
Lucía la mira desde el vano de la puerta.
- ¿Y si no te maquillas?
-Si no me maquillo saldré así.- dice señalándose.- ¿Tú me has visto?
-Te veo cada día, y estás preciosa, tal y como eres ¿Por que tapar una parte de ti con pintura?
-Eso lo dices porque tú siempre estás bonita, mírame, estoy llena de defectos.
-Por eso eres tú por tus defectos y tus virtudes, quien no lo vea es imbécil.
Claudia se detiene y se vuelve hacia Lucía.
-¿Y si me estoy equivocando con mi vida? ¿Y si no hago más que tomar malas decisiones? - Deja la pintura y se apoya contra la pila.- No dejo de tropezarme.
Lucía sonríe y niega con la cabeza, avanza hasta Claudia y la estrecha entre sus brazos.
-¿Recuerdas del día que nos conocimos? Todo surgió por una de tus equivocaciones, y míranos, aquí estamos. No cambiaría ni por todo el sexo del mundo el ver que quieres esconder tus defectos delante del espejo, da igual cuanto los tapes, yo se que están ahí debajo, soy quien los ve cuando vuelves a casa y te desmaquillas, y los amo, por feos que te parezcan o por terribles que sean para el mundo, yo amo tu errores, todos ellos, desde aquel día que te vi llorar por primera vez hasta hoy.

1 de julio de 2011

UP

Levantarse y andar. Me siento un poco tortuguita, quiero correr rápido para llegar tan lejos como pueda pero mis piernas no responden y si avanzo demasiado rápido me canso, será que no estoy entrenada a vivir solo a sobrevivir y para eso siempre he ido despacio.

Pasan las horas muy lentas, Claudia tiene calor ante el ordenador, no corre ni una pizca de aire aunque tenga el balcón abierto, hace rato que el silencio reina en la casa y apenas se escucha algún coche a lo lejos. Se ha quitado los cascos porque no le apetece seguir oyendo más música mediocre. Mira las conversaciones que tiene abiertas y decide cerrarlas, toda esa gente no le aporta nada esta noche de verano.
Se levanta, va al baño, a la cocina, abre la nevera bebé zumo de manzana y de vuelta ante el ordenador, pero al pasar ante la mesilla de la entrada ve las llaves, las coge, las mira unos segundos y al final se decide.
Sube los peldaños hasta la terraza con cierta pereza, le cuesta atinar con la llave en la puerta, pero al final logra abrir y una ligera brisa le acaricia la cara. Camina hasta el borde y mira hacia el horizonte. Entonces lo huele, el humo, el olor a cigarro, se gira sorprendida que no asustada y se encuentra con la mirada de Lucía, que apoyada contra una de las paredes se fuma su tercer cigarro, no parece muy tranquila, le tiemblan un poco las manos, respira de una manera descompasada y aunque Claudia no puede verlo tiene las mejillas y los ojos enrojecidos de llorar.
Deja caer la colilla al suelo y la pisa sin decir palabra, luego camina hasta Claudia y cuando la tiene a un paso le sujeta el cuello y la besa. Ese es el mejor beso que le han dado nunca, pero ahora si nota el sabor salado en las comisuras de ella.
Cierra los ojos, el resto de su cuerpo está inmóvil, está disfrutando de eso, no sabe que otra cosa mejor podría hacer. Cuando vuelve a abrirlos Lucía ya no está, pero los cigarros apagados siguen ahí, también el sabor a salado en su lengua...

21 de agosto de 2010

¿Y si el mundo...?

La miro, si pierdo la oportunidad de hablar con ella no me lo perdonaré, pero no sé que decirle. La tengo enfrente, abro y cierro la boca como un pez.
-Si el mundo se acabase en cinco minutos ¿Qué harías?- Creo que he gritado, mi tono de voz ha sido algo elevado, estoy seguro y... ¿Qué mierda de pregunta es esa?
Me mira sorprendida, un loco le acaba de exponer una situación improbable e incomoda, sin embargo sonríe ¡A mí! Porque no hay nadie detrás, lo he comprobado girándome un poco.
-Te preguntaría si te apetece sentarte conmigo durante esos cinco minutos.- Contesta.
No solo es guapa, también rápida.
-¿No llamarías a un ser querido?
Niega con la cabeza.
-Creo que eres la persona adecuada para pasar los ultimo minutos de mi vida.- Mira el hueco que queda a su lado, en el banco.
Acepto la sugerencia, me siento.
-No me arrepiento de demasiadas cosas.- Dice mirando el suelo.-He aprovechado mi vida, claro que me hubiese gustado hacer más...- Chasquea la lengua.- Es una pena que nos conozcamos en estas circunstancias.- Me dice.
Yo como un tonto, solo la miro hipnotizado, perdido. Ante mi silencio ella decide seguir hablando, me cuenta que a pesar de estar sentada ante la boca de un metro, no espera a nadie, que no sabe exactamente que hace ahí, pero que a menudo vuelve a ese mismo banco.
De pronto levanta el brazo y se mira el reloj, se levanta con gesto resignado, suspira como un niño enamorado, profundamente, de forma teatral.
-Casi han pasado esos cinco minutos.- Alarga la mano. Yo la alcanzo, la estrecho casi pidiendo que se quede.-Ha sido una pena conocerte ahora que se acaba el mundo.
Me da la espalda, se va, se pierde tras una esquina y yo, débil, cobarde, no me atrevo a seguirla para confesarle que realmente el mundo no va a terminarse, aunque puede que ella ya lo sepa...
¿Por qué no me limité a preguntarle el nombre y si quería tomar un café conmigo?



Pic: By me

17 de mayo de 2010

Inacabado












La casa se encontraba en completo silencio, las camas estaban hechas, el suelo fregado... Linn encogida en medio del pasillo tatareaba una canción imposible de reconocer, ella sabía cual era pero no tenía a nadie a quien contárselo. Sumida en un mar de lágrimas apunto de ponerse a nadar sobre su propia agua, tomó la decisión de fundirse con el suelo y pasar a ser un azulejo de esos que su madre limpiaba cada tres días. Puso un tremendo empeño, cerró los ojos con fuerza esperando que así fuese más fácil que le concedieran el deseo, apretó el culo hacia abajo y cuando volvió a abrirlos, se sintió totalmente defraudada, como el niño que espera un regalo en navidad y le dan otro. La pared seguía allí, los muebles seguían allí y ella continuaba mirándolo todo desde la misma perspectiva. Lloró un rato más, desconsolada, herida... Cuando creyó que había hecho suficiente el tonto se enjugó las lágrimas y volvió a sentarse ante el ordenador. Las palabras escritas en la pantalla eran inconexas, estaba mal formulada la frase que se había decidido a escribir antes de irse. Otra vez le resbaló una lágrima por la mejilla, era torpe, quería golpearse una vez detras de otra contra la pared hasta llevarse con la frente la pintura azul, pero no podía, no estaba bien, era incorrecto; solo de pensar en el susto que se llevaría su madre al verla tendida en el suelo con el cráneo abierto le hizo cambiar de idea.

Volvió a intentarlo, borró lo que había escrito y colocó las manos sobre las teclas de nuevo, con la esperanza de que si no la habían convertido en azulejo, como mínimo le devolverían un poco de su inspiración perdida.

“Hacia frío y le castañeaban los dientes”

No le gustó.

“El sol...”

Tampoco aquello.

“-Es que nunca me dices la verdad.- gritó ella.”

Se sintió una plagiadora de palabras, una mala escritora...


No puedo seguir, no se que decir, no me gusta.



Pic: Inacabado