11 de febrero de 2009

Un martes cualquiera

Con vaqueros ambos y camisetas de manga corta miran la televisión cada uno a un lado del sofá, echan un programa de confesiones, una mujer llora al ver a su hermana perdida y Claudia bufa aburrida, porque lo está, lleva dos horas sin abrir la boca. De vez en cuando mira a Carlos, pero él no la mira o lo hace pero cuando ella tiene los ojos pegados a la televisión, el caso es que en una de esas veces se cruzan sus pupilas y los dos se quedan lo bastante serios como para convertir aquello en una situación peculiar.

-¿Quieres saber lo que verdaderamente me apetece?- Pregunta él no del todo seguro de que Claudia esté interesada.

Ella se pone de pie y le da la espalda a Carlos perdiéndose por el pasillo, directa hacia el cuarto.

Las cortinas están abiertas y los vecinos podrían verla mientras se quita los vaqueros y la camiseta, hasta quedarse en ropa interior. Las bragas son de diferente color que el sujetador. Ya no tiene ese tono tostado veraniego pero apostaría porque aun se le puede ver algo de marca.
Abre las sabanas y se mete dentro, están limpias, huelen a detergente .Espera.

Carlos entra después de un rato, ha estado rumiando en el salón si es cierto que ella puede haberle leído la mente o no. Claudia lo ha hecho, así que se saca la camiseta por la cabeza y los pantalones por los pies, quedando en bóxers negros, él si tiene todavía este tono tostado.
Se mete bajo las sabanas y la abraza, con fuerza, estrechándola contra él, buscando el mayor contacto con la piel, haciendo suyo el calor de Claudia.

Ella inspira, acompasa su respiración con la de Carlos, suspira.

-Hacia mucho que no hacíamos esto.

-Lo echaba de menos.

-Te echaba de menos.

Pasan el resto de la tarde así y cuando se hace de noche y Claudia se ha quedado dormida, Carlos se va, tardará en volver, esa tarde se a empachado de ella y ambos lo saben

1 comentario:

James Joyce dijo...

Un buen martes cualquiera