
Él se paseaba por la casa a su antojo, dejando allí por donde pasaba el olor que unos minutos después encontraría Claudia y que le hubiese gustado no haber olido nunca, porque era como un golpetazo contra su pituitaria, un puñetazo en el estomago, un beso dulce en el ombligo y un susurro en el oído, era un mordisco en la garganta y estar contra “el cuerpo y la pared”, no soportaba esos días en los que la casa olía al olor que el había dejado sin dejarlo, él estaba tan lejos que la posibilidad de que su esencia siguiera allí era tan remota como encontrar los peucos de cuando era pequeña entre los montones de cajas que aun tenía por desembalar.
Buscó como una histérica un reloj por la casa, porque ella nunca usaba reloj y aun así sentía la necesidad de mirarlo de vez en cuando, eran las doce de la noche. Solo quedaban tres días y por eso su recuerdo estaba tan palpable en cada rincón. Masculló una maldición, con cada minuto que pasaba más le aterraba él echo de que estaba cerca de dejar un año atrás y volverse mayor, algo más mayor de lo que era y no tenía especial ganas de que ocurriera. Tal vez para despejarse, marcar el cambio y dejar de fingir que lo inevitable no iba a ocurrir, podría ir a la peluquería y hacerse el pelo corto, siempre lo había querido llevar corto, pero nunca había sentido el valor de hacerlo, a él le gustaba largo, en realidad a todos o a casi todos les gustaba largo su pelo, pero ella no estaba segura de si lo que quería era gustar al resto o mirarse al espejo y decir: no soy yo, pero si la persona que quiero ser.
Corrió como una posesa hacia la habitación, como si allí fuera a encontrar la salvación de lo que le esperaba, llamadas, muchas llamadas y felicitaciones que no quería recibir, aquel cumpleaños no iba a ser comparable con el anterior y no por el hecho de que callera en lunes, el problema era que él no estaba, que no estaba él ni había nadie, que no sentía que alguien la quisiese lo suficiente como para pasar ese día de un modo diferente, ella no se sentía especial y nadie la iba a considerar así en tres días.
No tenía la intención ni de celebrarlo sola, a la porra el día de su nacimiento, no valía la pena recordar algo desagradable. (No podía evitar recordarlo a cada hora y por eso miraba el reloj)
Se escondió entre las sabanas como una niña pequeña y antes de dormirse miró el reloj de la mesilla de noche.
“¿Cuántas personas crees que me felicitarán?”
“Yo”
“¿Tú por cuantas personas vales?”
“Por las que tú quieras, pero nadie te va a querer como yo”
“Espero que si me quiera alguien como tú, incluso más… si no estoy perdida”
Has sido una inspiración
Confesión: Estoy teniendo un problema con el tiempo